Viernes, 20 Abril 2018

¡Basta ya! No queremos más sangre ni más muertes: Conferencia del Episcopado Mexicano

  • En reunión extraordinaria los Obispos de México llaman a construir un país justo y en paz

Alfonso Morales Castorena

obispo24nov14

Aguascalientes, Ags., 24 de noviembre 2014.- (aguzados.com).-  Los obispos de México decimos: ¡Basta ya!, no queremos más sangre, no queremos más muertes, no queremos más desaparecidos, no queremos más dolor ni más vergüenza, coincidieron en señalar los altos jerarcas de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) en la última reunión de fin de semana celebrada en su sede en la capital de la República, manifestó el vocero oficial de la Diócesis, Carlos Alberto Alvarado Quezada.

El pronunciamiento del clero, dijo el presbítero, se dio a conocer en la gaceta eclesiástica el Correo Diocesano a nivel nacional, que a la letra dice: compartimos como mexicanos la pena y el sufrimiento de las familias cuyos hijos están muertos o están desaparecidos en Iguala, en Tlataya y que se suman a las miles de víctimas anónimas en diversas regiones de nuestro país.

Nos unimos al clamor generalizado, continúa diciendo el texto, por un México en el que la verdad y la justicia provoquen una profunda transformación del orden institucional, judicial y político, que asegure que jamás hechos como estos vuelvan a repetirse.

Reunidos para reflexionar sobre los desafíos actuales, vemos en esta crisis un llamado para construir un país que valore la vida, dignidad y derechos de cada persona, haciéndonos capaces de encontrarnos como hermanos, se añade en el documento.

En el mismo, los obispos señalan que en el año 2010 en la exhortación pastoral “Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna”, advertíamos sobre el efecto destructor de la violencia, que daña las relaciones humanas, genera desconfianza, lastima a las personas, las envenena con el resentimiento, el miedo, la angustia y el deseo de venganza: afecta la economía, la calidad de nuestra democracia y altera la paz.

Dicen también que con tristeza reconocemos que la situación del país ha empeorado, desatando una verdadera crisis nacional, muchas personas viven sometidas por el miedo, la desconfianza al encontrarse indefensas ante la amenaza de grupos criminales y, en algunos casos, la lamentable corrupción de las autoridades.

Queda al descubierto una situación dolorosa que nos preocupa, afirman los altos prelados de la iglesia católica en el país, que tiene que ser atendida por todos los mexicanos, cada uno desde su propio lugar y en su propia comunidad.

En nuestra visión de fe, precisan los sacerdotes, estos hechos hacen evidente que nos hemos alejando de Dios; lo vemos en el olvido de la verdad, el desprecio de la dignidad humana, la miseria y la inequidad crecientes, la pérdida del sentido de la vida, de la credibilidad y la confianza necesarias para establecer relaciones sociales estables y duraderas.

Luego asientan en el documento de la CEM que en medio de esta crisis vemos con esperanza el despertar de la sociedad civil que, como nunca antes en los últimos años, se ha manifestado contra la corrupción, la impunidad y la complicidad de algunas autoridades.

Creemos, dicen, que es necesario pasar de las protestas a las propuestas, que nadie esté como buitre esperando los despojos del país para quedar satisfecho, la vía pacífica, que privilegia el diálogo y los acuerdos transparentes, sin intereses ocultos, es la que asegura la participación de todos para edificar un país para todos.

Estamos en un momento crítico, afirman los obispos, nos jugamos una auténtica democracia que garantice el fortalecimiento de las instituciones, el respeto de las leyes, y la educación, el trabajo y la seguridad de las nuevas generaciones, a las que no debemos negarles un futuro digno.

Todos somos parte de la solución que reclama en nosotros mentalidad y corazón nuevos, para ser capaces de construir auténticas relaciones fraternas, de amistad sincera, de convivencia armónica, de participación solidaria, afirman los conferencias religiosos, como se lee en el documento eclesiástico.

Dicen también: nos vemos urgidos junto con los actores y responsables de la vida nacional a colaborar para superar las causas de esta crisis, se necesita un orden institucional, leyes y administración de justicia que generen confianza.

Y añaden que es indispensable la participación de la ciudadanía para lograr el bien común, porque sin el acompañamiento y la vigilancia por parte de la sociedad civil, el poder se queda en manos de unos pocos, aseguran.

Precisan que ante la situación que enfrentamos, los obispos de México queremos unirnos a todos los habitantes de nuestra nación, en particular a aquellos que más sufren las consecuencias de la violencia, acompañándoles en su dolor, a encontrar consuelo y a recuperar la esperanza.

Jesucristo es nuestra paz, Él está presente en su Palabra, en la Eucaristía, en donde dos o más se reúnen en su nombre, en todo gesto de amor misericordioso y en el compromiso por construir la verdad y la justicia, afirman en el documento episcopal.

Luego citan que con esta certeza, redoblaremos nuestro compromiso de formar, animar y motivar a nuestras comunidades diocesanas para acompañar espiritual y solidariamente a las víctimas de la violencia en todo el país, a colaborar con los procesos de reconciliación y búsqueda de la paz, a respaldar los esfuerzos de la sociedad y sus instituciones a favor de un auténtico Estado de Derecho en México, a seguir comunicando el Evangelio a las familias y acompañar a sus miembros para que se alejen de la violencia y sean escuelas de reconciliación y justicia.

En la última parte del texto los obispos de México agradecen al Papa Francisco su cercanía y preocupación en estas circunstancias, para enseguida señalar que unidos a él, celebraremos el próximo 12 de diciembre la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, haciendo una jornada de oración por la paz, le pediremos su intercesión por la conversión de todos los mexicanos, particularmente la de quienes provocan sufrimiento y muerte.

Cierran el documento mencionando que con motivo de esa celebración anual, elevarán sus preces porque Santa María de Guadalupe, Madre del verdadero Dios por quien se vive, que reclama a sus hijos desaparecidos y ruega por la paz en México, interceda por nosotros para que una oleada de amor nos haga capaces de reconstruir la sociedad dañada.

En tema adicional a la conferencia de prensa que el vocero de la Diócesis presidió acompañado por el presbítero Felipe Gutiérrez Rosales, con la ausencia del obispo José María de la Torre Martín, el primero señaló que el alto prelado tuvo a bien aprobar, suscribir y promulgar las Constituciones y Decretos Sinodales del Tercer Sínodo Diocesano, al tenor de lo preceptuado en el canon 466 del Código de Derecho Canónico.

Tales decretos sinodales, agregó Felipe Gutiérrez Rosales, entraron en vigor el pasado 23 de noviembre, la fiesta de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo y que todas las orientaciones propuestas servirán de pauta de actuación pastoral en la Diócesis y en concreto tendrán valor de normativa de Derecho particular, dentro del Derecho general de la iglesia.

Dijo por último que tocará a los vicarios episcopales, decanos, párrocos, las instituciones y los organismos diocesanos, velar por el cumplimiento de las normas sinodales, aparte de que se efectuarán las pertinentes revisiones y evaluaciones para su exacto cumplimiento, con lo que concluyó la reunión con los representantes de los medios informativos.

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