Jueves, 26 Abril 2018

El peligro de ponerse la foto de perfil con el filtro de la bandera francesa

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Èric Lluent, periodista catalán

Barcelona, España, 17 de noviembre 2015.- (aguzados.com).- A raíz del atentado de este viernes en París, Facebook ha impulsado un filtro opcional para todos los usuarios de la red. En esta ocasión, el filtro pretende solidarizarse con las víctimas del atentado convirtiendo tu foto de perfil en una imagen que funde la original con los colores de la bandera de Francia. Por supuesto, minuto tras minuto los usuarios van utilizando la herramienta, llevados por el choque emocional que suponen los ataques en la capital francesa. Es evidente (aunque no creo que sea deseable) que en el mundo hay muertos de primera y muertos de segunda, incluso de tercera y cuarta. Es hasta cierto punto entendible que a un ciudadano europeo le aflija más un atentado en París que otro en Beirut. De hecho, si tenemos en cuenta la cobertura mediática que se hace de uno y de otro sería de extrañar que a un ciudadano del Estado español, por ejemplo, le afectara más un ataque terrorista en Líbano que uno en Francia.

La manipulación colectiva por parte de los grandes medios de comunicación es evidente. El silencio que impera o la frialdad a la hora de exponer cifras de muertos cuando se trata de un atentado que ha tenido lugar en el conocido como Mundo Árabe contrasta con el dramatismo de la exposición cuando se trata de un atentado en territorio europeo o norteamericano. Y aunque esta estrategia comunicativa es un modelo de éxito a la hora de crear ciudadanos y sociedades de primera y de segunda, cada vez son más los europeos que entienden que están siendo manipulados y que tratan de apartarse de la influencia de los grandes medios que con su acción o inacción construyen muros entre sociedades que parecen infranqueables. No obstante, al tratarse de una novedad, el filtro de Facebook supone un peligro que coge a la mayoría de internautas con las defensas especialmente bajas.

Utilizar el filtro de Facebook para solidarizarse con las víctimas de los atentados en París es apoyar una visión del mundo en la que sólo preocupan las muertes de ciudadanos occidentales. Mediante este pequeño gesto se construye un muro más en esta fortaleza del siglo XXI que es Europa, llena de súbditos muertos de miedo que regalan su sentido crítico a empresas e instituciones públicas a cambio de un poco de sensación de seguridad. En el Líbano, el Iraq, en Irán y en cualquier lugar del mundo, cuando estalla una bomba o cae un misil hay hermanos que sufren, padres y madres que se desmayan al conocer la noticia, amigos que buscan desesperados pistas para encontrar a compañeros de instituto o del trabajo. Es entendible (aunque no creo que sea deseable) que a un ciudadano europeo le aflija más un atentado en París que otro en Beirut. Muchos tenemos amigos en París o hemos visitado la ciudad una o varias ocasiones. Pero Facebook es una empresa global y con gestos como este lo único que hace es establecer una estructura hegemónica de prioridades en la que los muertos occidentales preocupan y movilizan y las víctimas, por ejemplo, del atentado en Beirut de hace dos días, simplemente no cuentan. ¿O es que nos dieron la opción del filtro con la bandera del Líbano? Validar esta visión del mundo me parece extremadamente peligroso. Más si lo hacemos sin ni siquiera darnos cuenta.

“Soy un terrorista, un insensible y, además, un puto catalufo de mierda”

catalan17nov15Primero te enojas y después, cuando las pulsaciones vuelven al ritmo habitual, a uno le entran ganas de esconderse debajo la manta y no volver a escribir nunca más. Y, al cabo de un rato, me encuentro de nuevo frente al ordenador intentando ordenar una reflexión respecto a la experiencia que he vivido en las últimas 24 horas, desde que publiqué el artículo El peligro de ponerse la foto de perfil con el filtro de la bandera francesa. Más de siete millones de visitas han inundado mi humilde blog, habituado a tener una media de un millar al día. Con esta avalancha han llegado comentarios de todo tipo, unos a favor, otros en contra, y también durísimos insultos y amenazas.

“Eres un puto subnormal”, “a ver si el siguiente [atentado] es en tu casa y te pilla de lleno, imbécil!”, “este tipo de reportajes apoyan al terrorismo y sus acciones de forma muy sutil”, “esto lo ha escrito un jihadista parece”, “Eric Lluent es un envidioso, acomplejado y racista”, “métete tu puto blog por el culo Hijo de la gran puta catalán tenias q ser” o “que dices puto catalufo. me cago en tu puta madre” son algunas de las lindezas que algunos internautas han compartido en la sección de comentarios. Mis buenos amigos me dicen que no haga caso, que es el precio de la “fama”. Pero yo más bien creo que es el precio de un sistema educativo nefasto y de unos medios de comunicación que en las últimas décadas han hecho muchísimo daño al intelecto de los ciudadanos.

No me considero una persona que forme parte de ninguna élite intelectual, así que para entender mi artículo (una escueta nota de tres párrafos) es tan sólo necesario un nivel de comprensión lectora muy básico. ¿Cómo alguien (el problema es que son muchos) puede llegar a la conclusión que me dan igual los muertos de París o que estoy criticando la solidaridad con las víctimas del atentado del viernes tras leer el artículo? ¿Cómo una persona en su sano juicio puede acusarme de no respetar el duelo por las muertes de la capital francesa cuando lo único que digo es que se respete el duelo por todas las víctimas del terrorismo y que Facebook no las discrimine? En muchos comentarios hay afirmaciones que normalizan los atentados en países árabes porque, claro, “allí se matan entre ellos”. ¿Pero en qué nos hemos convertido? ¿O en qué nos han convertido?

Acciones como la impulsada por Facebook, con el filtro de la bandera francesa omitiendo los atentados que hay en tantos otros países del mundo, perpetúan una visión del mundo en que los occidentales somos el ‘Nosotros’ y el resto del mundo son los ‘Otros’. Con la creación de un mundo en el que hay dos tipos de personas, los que son como yo y los “demás”, se llegan a justificar argumentos como los que apuntan que si los árabes se quieren matar entre ellos, pues adelante, pero que a ‘Nosotros’ nos dejen tranquilos. Doble ración de tristeza este fin de semana. Por la salvajada inhumana que tuvo lugar en París (ciudad en la que estado más de diez veces y que fue mi musa de juventud) y por lo irracional de muchos ciudadanos a los que les da absolutamente igual que niños, adultos y mayores mueran desangrados tras estallar una bomba en un mercado de Irak o ahogados en un Mediterráneo cada vez más manchado de sangre.

La catalanofobia también me preocupa especialmente. Da igual que escriba sobre Islandia, Grecia o París, siempre habrá comentarios atacándome por ser catalán (a mí y a tantos otros escritores, periodistas, artistas, políticos, etc). Nos atacan por razón de origen, sin más. Aprovecho la notoriedad del artículo que escribí ayer para explicarle a los lectores hispanohablantes que los catalanes aguantamos día sí día también insultos y prejuicios de todo tipo por el mero hecho de haber nacido en Catalunya, por apoyar la creación democrática de un Estado independiente o, simplemente, por defender el derecho de autodeterminación del pueblo catalán. Los comentarios en el artículo anterior son un buen ejemplo y por eso precisamente los he aprobado, para que los que me lean desde fuera del Estado español puedan entender la sinrazón de un sector del nacionalismo españolista (que, por supuesto, no son todos los españoles ni mucho menos) que ahora y desde hace siglos persigue e insulta a los catalanes por el odio que sienten hacia nuestro pueblo (odio que, contemporáneamente, fue muy bien representado por el dictador fascista Francisco Franco hasta el día de su muerte, el 20 de noviembre de 1975).

Encantado de tener tantos millones de lectores en mi blog. Pero a aquéllos a los que les falte alguna lectura básica, mejor absténganse de visitar este lugar de internet en próximas ocasiones puesto que aquí las críticas (por muy duras que sean) son muy bienvenidas, pero los insultos, los descalificativos personales y las amenazas, no.

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